The Secret of Monkey Island - Juego (PC)

The Secret of Monkey Island
The Secret of Monkey Island Monkey IslandPC 1990 LucasArts, Telltale GamesRon GilbertLucasArtsSCUMM
Recomendar desde Facebook Recomendar desde Twitter Enviar a meneame Enviar a meneame Compartir en Google+ Pint It Enviar a un amigoTres disquetes del año 1990, o 3 megas de hoy en día. Todo The Secret of Monkey Island pesa menos que una foto digital. Este clásico entre los clásicos lo lanzó LucasFilm Games en 2D y así lo seguimos jugando, reediciones aparte, porque sobrevive a una década tras otra, como su malvado co-protagonista, el Capitán Pirata LeChuck. No, que no se escandalice nadie, no he destrozado ningún final, puesto que la segunda entrega se llama Monkey Island II: LeChuck?s Revenge. Es difícil no saber de su existencia, aunque no se sea jugador de aventura gráfica, o ni siquiera de videojuegos en general. Es un icono cultural, un montón de humor e ingenio con identidad propia que sigue intacto y palpitando.

Conocemos a GuyBrush Threepwood, el protagonista aprendiz de pirata, un muñequito de Lego pixelado, casi una peluca amarilla con patas, visto de lejos y moviéndose mecánicamente. Abajo en la pantalla todas las posiblidades de la escena: listas escritas de objetos, acciones, preguntas y respuestas... lo normal en una aventura gráfica del Neolítico. Si en su día el jugador se pasó Indiana Jones and the Last Crusade, también de la LucasFilm Games, recordará lo irritante que podía llegar a ser ?morir? y tener que volver a empezar; por supuesto, en The Secret of Monkey Island no se ?muere?, pero lo gracioso es que los guionistas te toman a veces el pelo, haciendo que te des por ?muerto? o la partida por perdida, explotando la paranoia que trae uno de esos otros juegos. Hay una leyenda urbana que asegura que sí, que se puede matar a Gaybrush... Dicen...

Convertirse en pirata requiere superar tres pruebas. Con Gaybrush aprendemos por el camino un buen montón de cosas perfectamente inútiles que nos ocupan espacio en nuestra memoria y nos hacen la vida mucho más agradable. Los insultos, por ejemplo, en The Secret of Monkey Island alcanzan cumbres de calidad literaria, y no es exageración: Orson Scott Card, (autor de novelas de ciencia ficción como la saga de Ender) fue quien redactó las listas de improperios enrevesados y cargados de surrealismo que hay que aprender a esgrimir junto con la espada. Eso, y algunas verdades sobre los pollos de goma y el grog, son cosas que siempre conviene saber en la vida. Importantes, como enamorarse de piratas bravas y bellas de nombre Elaine...

Hay que tener también en cuenta que el point & click, con tan baja resolución gráfica, se convierte a veces en un point-point-point & click-click-clickclikclikclick... para dar con el punto exacto y que pase lo que tiene que pasar, o encontrar lo que tienes que encontrar. Y ahí puedes quedarte tiempo y tiempo, en un atasco milenario sin solución aparente. Con esto no le estoy quitando ni un ápice de valor ni de interés, todo lo contrario. La sensación de triunfo, el subidón de adrenalina, en fin, el alivio y la autosatisfacción que corren por tus venas cuando por fin resuelves ese atasco de ¡días!, es algo inigualable. Pura felicidad. El tamaño del pixel no importa.

Son características gráficas que hoy nos parecen inconcebibles, y poco atractivas en concreto para el público criado entre HDs, 3Ds y consolas kinéticas. Por eso lo reeditaron en 2009, para hacer llegar su inmensa calidad en todos los demás aspectos a nuevas generaciones y nostálgicos reciclados, a base de darle un par de capas de tecnología y transplantándole unos cuantos píxeles, además de reinventar el diseño. Es cuestión de gustos, pero el personaje parece el eslabón perdido entre el muñeco Lego y el Gaybrush de la tercera entrega.

Jugarlo hoy en su versión original no es anécdota o curiosidad, sigue proporcionando la misma experiencia, y no echas de menos nuestra tecnología de siglo XXI, en parte porque los han hecho compatibles: puedes ejecutarlo en android con (casi) todo el sabor instalando el motor Scummvm. Tanta diversión y tanto despliegue de humor y de ingenio engancha a todo aquel que lo toca... y hoy en día la expresión es literal.

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