The Curse of Monkey Island - Juego (PC)

The Curse of Monkey Island
The Curse of Monkey Island Monkey IslandPC 1997 LucasArts EntertainmentJonathan Ackley, Larry AhernLucasArts EntertainmentSCUMM
Recomendar desde Facebook Recomendar desde Twitter Enviar a meneame Enviar a meneame Compartir en Google+ Pint It Enviar a un amigoSi estás leyendo esto, quizá sea porque te suene Monkey Island aunque no lo hayas jugado nunca, y te tienta. O tal vez seas un antiguo jugador, ahora ocupado en cosas de adultos, que gozó como loco pasándose la saga en su día, y te apetece refrescar la memoria. Incluso puede que sólo te interese saber algo al respecto, por curiosidad; porque forma parte de la cultura y de la biografía del ocio de muchos millones de personas desde que LucasFilm Games lanzara The Secret of Monkey Island, allá por el año 90. Sea cual sea el caso, ojalá estas líneas lleven suficiente cebo como para que te zambullas, porque encontrarás un tesoro. Pero ahora se trata de saber algo más de la tercera parte de la saga: The curse of Monkey Island, la joya de 1997.

El argumento es sencillo: Guybrush Threepwood es el protagonista, un pirata joven y torpe que se enfrenta al malvado LeChuck, el supervillano de la historia. Ya consiguió destruirle antes por dos veces, pero tiene la mala costumbre de regresar y así seguir complicándose la vida mutuamente. El conflicto es que todos persiguen el Big Whoop (no, no podemos decir aquí qué es el Big Whoop). En esta entrega en particular, además, Guybrush tiene que rescatar a Elaine, mujer de sus sueños y pirata pura sangre, convertida en estatua de oro por una maldición vudú; y por culpa de Guybrush, ya le conocerán, no lo puede evitar. Es la historia del clásico antihéroe huyendo y luchando contra un enemigo temible pero al que, de una forma o de otra, haciendo mucho el ridículo y siendo bastante patán, milagrosamente vence al final. O no. Y por el camino, le ocurre literalmente de todo. Mucho cuidado con los pollos, sobre todo los de goma. El jugador sabe que un personaje le ha conquistado cuando pasa la noche en vela tratando de rescatarlo de la tripa de una serpiente de siete metros.

Lo primero que atrae al empezar esta aventura son los gráficos: literalmente estás dentro de una película de dibujos animados. El colorido, el diseño y las localizaciones son fantásticos y de por sí un aliciente. Todo tiene un aspecto piratesco, humorístico y a la vez muy estético, con objetos curvilíneos y genialmente dibujados. El resultado es un ambiente bastante surrealista. Los cielos son impresionantes, las nubes rizadas y rechonchas. De los rostros y los movimientos de los personajes habría mucho que decir pero, en resumen, es como ver una sitcom: tienen vida y voz propias, los reconocerías por la calle, no hay nada dejado al azar.

Y es que la baza más importante de sus guionistas es el Humor, en toda su expresión. Las situaciones, los personajes secundarios, las combinaciones de objetos, ¡los objetos mismos!; las soluciones absurdas a conflictos absurdos, que ponen a prueba al más curtido. Los duelos: de insultos, de banjo, a cañonazos. Batirse en duelo a espada con insultos, después de un mal día, deja a cualquiera como nuevo. Las retahílas de frases a elegir para ir dialogando en cada escena, son a cuál mejor y más ingeniosa. Vale la pena volver sobre escenas resueltas sólo por hacérselas decir todas y ver qué pasa.

En una buena aventura gráfica es importante que haya muchas posibilidades de interactuar. En este sentido, The Curse of Monkey Island es de las mejores. Al usar y combinar los objetos, los guionistas lo pensaron casi todo: cualquier cosa que se le ocurra a uno, por tonta y desesperada que sea, ya la tenían prevista y te toman el pelo. Nada de esos pesados y repetitivos ?nop, prueba con otra cosa?. Es una broma infinita, porque Guybrush es capaz de llevar en los bolsillos cantidades inhumanas de cacharros, trastos y auténticas idioteces; pero como nunca sabes qué va a ser lo realmente útil, no te desprendes de nada. Para colmo, algunas veces, cuando en pleno atasco uno insiste maníacamente en la misma acción, sorprenden con algo que no se espera. Se puede jugar muchas veces y siempre hay algo nuevo.

Quien de verdad disfrute de las aventuras gráficas, acabará por buscar el Big Whoop de isla en isla; y después, cada vez que lo recuerde, sonreirá y tarareará la musiquilla, tatuada de por vida en su cerebro.

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